lunes, 4 de enero de 2010

sábado, 12 de septiembre de 2009

I'M THE MOCKER (experience)


Retomamos circunstancialmente este blog para hablar de un nuevo proyecto: I’m the Mocker (experience)


I’m The Mocker (Experience) es sólo una disculpa para reunirnos a beber vino y escuchar nuestra música preferida, mientras debatimos inútil pero apasionadamente sobre como cada ritmo, cada melodía y cada voz nos gusta más o menos en función del tipo de vino que degustamos.


Para participar en una sesión de I’TM(E) sólo es necesario tener ganas de escuchar música, beber vino y traer una botella contigo. No importa el color, la graduación, la variedad de uva ni el precio. Las sesiones de I’TM(E) se componen de 5 participantes y sólo uno de ellos será el encargado de traer un disco. EL DISCO que será escuchado durante toda la noche y al tiempo que se catan los cinco vinos. Tanto por ética como por estética se agradecen los vinilos, aunque por el momento se aceptarán también cedeses e incluso casetes.



La primera cata tuvo lugar el pasado jueves, con 6 catadores en lugar de cinco. Es decir, 6 vinos que fueron catados en el siguiente orden.


- Cava Brut Reserva. Torre Oria. 12º

- Mar de Frades 2008. Albarinho 12%

- Gran Feudo Chivite. Rosado. 13%

- Viñas del Vero 2006. Somontano. 14º

- Dehesa del Carrizal 2004. 14.5%

- Rioja Alta 1997. 13%



El disco con el que se maridaron todos ellos, elegido por una de las participantes femeninas, fue El Espíritu del Vino de Héroes del Silencio. Elección que no podría haber resultado más acertada, no sólo por el nombre si no porque resulta difícil cansarse de escuchar canciones como La Herida, Sirena Varada o, la perfecta, Flor de Loto.


Las fichas de cata utilizadas, que seguramente mejoraremos para la próxima incluían un análisis de la música y el vino en función de la concordancia entre las siguientes características de ambos: apariencia, aromas, duración, intensidad, armonía, potencial, evocación y calidad general.



Los comienzos no son fáciles, pero tras muchas dudas y discusiones acerca de cómo valorar aquello o lo otro, sobre la necesidad de incluir mayores referencias a las características del vino o sobre la importancia de la canción más allá de las impresiones generales acerca del disco, conseguimos llegar a una decisión prácticamente unánime.




Héroes del Silencio, o al menos El Espíritu del Vino, no es un disco para disfrutar con cava, rosado o albarinho. O quizás sí, pero su maridaje perfecto se encuentra en los tintos. No en aquellos más maduros y ligeros como nuestro reserva del 97, sino en los que resultaron tener más cuerpo, fruta y potencia. De entre los dos tintos que más resultaron combinar con un disco dedicado precisamente al espíritu del vino, hubo un claro ganador. Y aunque el Dehesa del Carrizal tuvo sus defensores, la opinión general fue que sus 14,5% y su excesivo cuerpo resultaban excesivos para la música, por momentos tan delicada, del disco. La misma música que resultó casar a las mil maravillas con el Viñas del Vero, un vino potente y con potencial, con un paso por boca alargado y persistente. Un vino suave, pero con cuerpo y carácter. Y para casi todos los públicos. Como resultó ser también el disco, al que hasta los más poperos de la cata regalaron algún que otro piropo.



Al final, otra ocasión para pasárnoslo estupendamente. Habrá más.


Viñas del Vero

Año 2006

DO. Somontano

Uvas Merlot y Cabernet Sauvignon

14%

El Espíritu del Vino

Héroes del Silencio

Género Rock & Roll

Lanzamiento 14 junio 1993

Producido por Phil Manzanera




lunes, 27 de julio de 2009

CONTEMPOPRÁNEA'09. EL FESTIVAL TRANQUILO





Pues al final sí que fui al Contempopránea, y no me arrepentí. A pesar de que no fuese para realizar el reportaje previsto, o quizás gracias a ello, lo disfruté especialmente. Eligiendo sólo aquellos conciertos que me interesaban y dedicando la mayor parte del tiempo a las maravillas del tinto de verano, un entorno excepcional y una compañía perfecta (la foto es de Man).

Lo mejor de los conciertos


La Bien Querida. Quieres encontrarle algún defecto, pero cada vez que Ana Fernández sale al escenario entiendes que tus amigos se enamoren de ella y que a ti te haga sentir tan bien. Sencillez, dulzura y las canciones bonitas de Romancero sonando al atardeceder con un castillo en lo alto iluminandote el cogote. ¿El mejor de los conciertos?

*La de La Bien Querida fue la única rueda de prensa que finalmente vimos. 'La vida es muy corta' como mensaje principal y una nueva vuelta de tuerca a la historia del Sonorama fue lo más destacable entre unas preguntas nerviosas y unas respuestas desganadas. Eso, y que ellos no habían dedicado ninguna canción a Elefant porque 'nosotros ya somos Elefant'. Posiblemente la edición en la que menos entrega se demostró a los homenajeados del año (de lo de Vetusta mejor ni hablar).


Lori Meyers. Fascinante lo de los granadinos. A pesar de que nos olvidemos demasiado a menudo por la sobreexposición a la que nos tienen acostumbrados, y aun siendo ésta su tercera vez consecutiva en el escenario de la Ladera, es salir a tocar y demostrar una y otra vez (y ya son unas cuantas) que el suyo es uno de los mejores directos nacionales. Complementación y esa alegría misteriosa que transmiten como nadie. Y Noni, fascinante y misterioso el que más, ya no pisa el cable. Ole.


Ellos. Les tocó los últimos, lo que en el Contempop viene siendo casi a las 5 de la mañana. Y arrasaron. Aunque su último disco no llegue ni de lejos a los estándares alcanzados con los dos primeros, Guille y Santi siguen sabiendo como hacernos perder los papeles.


Sidonie. A pesar de que nunca me han interesado especialmente en lo musical, este año fue uno de los conciertos a los que decidí acercarme, movida por las ganas de escuchar en directo esa pedazo de canción que es El Incendio. Y conciertazo, oye. Espídicos y rebeldes fue de traca ver como cavaban su propia tumba con afirmaciones del tipo 'nuestros amigos Lori Meyers, que no son catalanes aunque podrían serlo porque son muy buenos', así como volvían a conseguir los aplausos sacando al escenario a otros catalanes de pro como son los de Love of Lesbian (a los que devolvieron el favor más tarde en su concierto). Sidonie, histriónicos y polémicos, pueden estar tranquilos, la espina del año pasado ya está diregida y expulsada. Y cómo.


Lacrosse. Ofrecieron un concierto de calidad como se esperaba, pero salir entre dos bandas de energúmenos agitadores (We Are Standard les precedió con un concierto que hizo enloquecer a las masas) no les benefició en absoluto. Corrección sueca y canciones de puro pop que hubiesen sonado mejor en horarios de menor embriaguez. El vestido de ella, lo más.


Love Of Lesbian. El grupo de la doble personalidad, capaz de arrancarte una lagrimita con Los colores de una sombra para acto seguido desnudarse, ponerse el mandil de lunares, comenzar a magrearse y tirarse al público, dio uno de los mejores conciertos del festival. Con un fin de fiesta mucho más procedente que el que ofrecieron hace meses en la Joy Eslava, a la altura de dos días casi perfectos. Y la voz de Santi sigue volviéndonos locas, sí.


Lo mejor


El Tinto de Verano. Bebida oficial del festival y seguramente de lo que queda de estío. Chorrito de buen vino, casera, limón (mejor una mezcla de las dos), rodajita de naranja y azuquitar por los bordes. El Tinto de Verano es la forma más referescante de beber vino en verano, un combinado perfecto y el sustituto definitivo de la cerveza. Los festivales del mundo comenzarán a igualar al Contempopránea cuando en su barra libre cuenten con dos grifos, para la cerveza y el Tinto de Verano. Y además se confirma, no emborracha.


Maestro Jamonero. Aunque hubo quien temía que, por aquello de la crisis, este año no tendríamos maestro jamonero al final de la zona del backstage, la sorpresa llegó cuando nos encontramos que, no sólo continuaba puntual el maestro con su secreto ibérico, sino que habían ampliado la zona y este año, Alimentos de Extremadura ofrecía también (para mi alegría) Torta del Casar, variedad de quesos y embutidos y bombones de higos. Todo con una disposición y simpatía tal, que el punto más alejado de la zona de entrada al recinto se convirtió, por momentos, en el más visitado del backstage, superando a la barra libre y sus tintos de verano.


La piscina. Absolutamente recomendable resulta la visita a la piscina durante la tarde del sábado. Con un recinto ideal para montar conciertos alternativos por las tardes, de momento nos conformamos con su ambiente y las ventajas de un baño depurador de resacas. Compartido, que siempre gusta más.


La cena del sábado. Con un antojo de carne por parte de uno de mis acompañantes, la aprobación del otro y mi necesidad de aislarme del gentío decidimos pasar de la superpoblada plaza del pueblo y, por una vez, elegir un lugar más tranquilo. No hay muchas alternativas en Alburquerque, pero siguiendo el rastro de unos intermitentes carteles, con bastante paciencia zapato cómodo (o un hombro donde apoyarse) y preguntando a los pocos oriundos que uno puede encontrar por el camino, se llega a la Ermita de Santa María. La ermita está a medio camino entre el castillo y el pueblo y al lado se encuentra El Fogón de Santa María, un restaurante chiquito y encantador con una terraza tranquila donde dejar que pase el tiempo mientras admiras las vistas y disfrutas de una noche de verano de temperatura ideal. Una terraza en la que disfrutar de la brisa extremeña y una cena sin prisas por la que nosotros fuimos capaces de olvidarnos de Febrero, Le Tres Bien Ensemble, Half Foot Outside y una Russian Red que no podría interesarnos menos.


Lo peor


Chema Rey Dj. Incomprensible.



vinoPOP: Basa 2008. DO Rueda. Verdejo, Viura y Sauvignon Blanc. El vino que nos recomendaron fue la única concesión al blanco que hicimos en todo el viaje. Perfecto.

domingo, 19 de julio de 2009

UN FIN DE SEMANA GASTRONÓMICO



Es el que empieza cogiéndonos un tren a Segovia para disfrutar de su parador y una de esas cenas castellanas que ofrecen mucho más que cochinillo.


El Parador de Segovia se encuentra bastante apartado del centro de la ciudad, pero cuenta con unas vistas espectaculares de la misma. Las vistas, de hecho, son lo mejor del mismo, ya que el edificio, de decoración bastante 60's , resulta absolutamente intrascendente, en comparación a lo que nos tienen acostumbrados los estándares de Paradores de España.

Comer en Segovia es una de las actividades principales de la ciudad y seguramente, la segunda más practicada tras la obligada visita al acueducto. Pero comer en Segovia ofrece más posibilidades de lo que puede dar a entender una fama desmedida de su cochinillo, que eclipsa casi cualquier otra opción. Así que decidimos que nadie escogería ésta y que, además ,no iriamos al centro de la gastronomía segoviana: el José María, restaurante mundialmente reconocido por su maestría al asador; a pesar de contar también con una completísima carta de verduras y ser casa madre del gran vino Pago de Carraovejas.

Una vez descartado el Jose María, Segovia ofrece varias alternativas de renombre como La Taurina o el Narizotas, pero al final nos decidimos por El Duque. Un restaurante en la línea de los grandes asadores segovianos, oscuro y recargado hasta el límite con todo tipo de objetos y fetiches como el que nos sorprendió colgado a apenas un palmo de nuestra mesa. Una foto (firmada, course) de un jovencísimo Franco y un sonriente Cordobés. Detalles que incomodan, pero no sorprenden. No al menos tanto como la música, especie de chill out hotelero imposible de combinar con unos esparragos a las dos cremas. Superado esto, decidimos centrarnos en la comida, que era a lo que íbamos, pero lo cierto, es que El Duque defrauda. Defraudan sus verduras asadas y (parece ser) su cochifrito. Por la parte que me toca he de reconocer que su gazpacho es magnífico. Pero la Corvina a la bilbaína resulto demasiado aceitosa y, lo peor que le puede pasar a un pescado, repetitiva, haciéndonos olvidar demasiado pronto las virtudes del gazpacho.

Como acompañamiento elegimos uno de los vinos de la casa, un Conde Siruela del 2005. Vino cuyo nombre fue cedido por ese hijo fascinante que tiene la Duquesa de Alba pero que, desgraciadamente, resulta bastante más simple y mundano que quien le da nombre.

El sábado, tras un desayuno con vistas y previo paso por La Granja, regresamos a Madrid con el tiempo suficiente para los vinitos de rigor en El Anciano Rey de los Vinos y en el Mercado de San Miguel (donde sufrimos el final de una presentación de un nuevo juego de Play Station), y para decidirnos a comer en Taberneros, la versión casual del Matritum, un restaurante chiquito y discreto de la Cava Alta, con una de las mejores cartas de vinos de Madrid. El restaurante Taberneros es más discreto pero mantiene la obsesión de sus dueños por la variedad y los buenos vinos y ofrece una carta con precios más asequibles pero igualmente original y por momentos (muchos) preferible.

Siguiendo con mi estudio de los gazpachos y salmorejos del mundo, pedimos este último para comenzar. Servido en vasos de cristal y con el huevo y el jamón aparte para acompañar a gusto de cada uno, se convirtió desde el primer momento en el segundo mejor salmorejo que he probado en Madrid (Sanlúcar sigue imbatible). Pero lo mejor estaba por llegar, en forma de tataki de Atún rojo, totillitas de camarones y, sobre todo, un plato para enamorarse,: McKenji, hamburguesa de lomo de bonito. Cumpliéndose casi siete años desde que no pruebo un solo pedazo de carne, comerme una hamburguesa es, más que comer, casi un acto de fe. Todo un ritual llevármela a la boca confiando en que lo que mordía era atún y no vacuno. Espectacular. Acompañada de un platito de fideos a la soja y una crema que ignoré, y por apenas 10.50€ esta hamburguesa, hay que probarla.

Y como acompañante, un vino igualmente soprendente: Dido Eneas 'La Universal' 2005. DO Montsant. Uvas: Merlot, Garnacha, Cariñena, Cabernet y Syrah. 13%.

Para la cena, partíamos de una premisa: arroz. Y no es fácil. Comer buen arroz en Madrid (a buen precio) es complicado y eso, es así. La experiencia de la noche del sábado no contribuyó a contradecir esta certeza. Nuestra primera opción fue La Paella Real, que con ese nombre y en plena plaza de Ópera no podía fallar, pensamos. Pero tras decírsenos por teléfono que la cocina cerraba a las 10.30 y que NO llegásemos más tarde de las 9.30; aun con el sabor de la hamburguesa y a media hora de agotársenos el tiempo decidimos cambiar. Al final optamos por El Arrozal, otro mítico de los arrozes valencianos en Madrid, con una terracita muy agradable pegada a la calle segovia y tres salones encantadores llenos de curiosidades y cuadros mediterráneos que se mantuvieron durante toda la noche, sospechósamente vacíos. El Arrozal falla en algo, el interés. No hay ilusión en los ojos de los que atienden las mesas o sirven el vino y a eso se suma el desconocimiento que nos obligó a bebernos una botella de albarinho Dionisios del 2005 (más culpa tuvimos nosotros que tampoco lo vimos venir) pero al final, unos por otros, mi primer arroz A Banda resultó correcto, sin más. No es El Arrozal ese sitio de arroces que hace falta en Madrid.

Y así nos dio el domingo, cuando decidí reservarme hasta la noche y darme un descanso, idea de la que no tardaría en arrepentirme cuando supe que el lugar elegido para la comida fue el Tres Encinas, restaurante castizo y marinero donde tomarse un buen marisco en Madrid. La cena fue el momento de la comida casera, crema de calabacín (de aldea), ensalada de canónigos con queso de cabra, vinagreta de miel y nueces y una selección de productos extremeños que nos regalaron hace bien poco.

Y con todo, decidido queda que este año no voy al Contempopránea. Cobarde, pero tranquila.




vinoPOP: Lagar da Condesa 2007. DO. Rías Baixas. Uva Albarinho. 13%. Qué preciosidad de botellas las que salen de esta bodega.





martes, 14 de julio de 2009

MIS 5 DE SANTIAGO. DE DÍA



- El de las setas. Ni siquiera sé cual es su nombre, ni si lo tiene, como tantas cosas que no necesito conocer para disfrutar. Posiblemente, el sitio con más encanto de Santiago, y mi favorito. Con unas cortinas de cuadros rojos como único reclamo en su exterior, el de las setas es uno de esos lugares acogedores donde resguardarte un día de lluvia (!!!) en Santiago, y sentirte protegido entre música de gaitas y bocadillos de... setas. Uno de esos escasos refugios donde todo el mundo conoce tu lengua e incluso! la hablan. Un bar, pero de los pocos que me hacen sentir demasiado lejos cuando pienso que no puedo ir, ahora mismo.

Warning: si estás de turismo, ni vayas.



Bodeguilla de San Roque. Nadie olvida sus lugares de iniciación y la Bodeguilla de San Roque tuvo gran responsabilidad en mi iniciación al tapeo. Desde entonces, se ha convertido en una recomendación segura para todo el que busca comer bien y a buen precio en Compostela. Siempre, mejor abajo que arriba, nunca reservando y sólo, si tienes suerte de encontrar sitio. Mis primeros pan tumaca y Fondue fueron allí, definitivamente no el mejor sitio para ninguna de las dos cosas, pero no dejo de volver siempe que puedo. Cualquier tixola es también altamente recomendable. Y la ensalada de quesos y nueces, o de gulas templada. Lo mejor es repetir, y repetir, hasta saberse la carta de memoria.

Warning: hace un tiempo abrieron segundo restaurante en San Lázaro (La Bodeguilla de San Lázaro) y sí, tienen la misma carta e incluso sala de catas, pero no, no es lo mismo.


- Casa Marcelo. Supuestamente, el mejor restaurante de la ciudad. Tal vez. Ubicado en el bajo de una encantadora casona del siglo XVIII en la que para mí es la calle más bonita de Compostela. Marcelo parte de los ingredientes y las materias autóctonas para desarrollar una cocina creativa y moderna con la que le costó hacerse un hueco en una ciudad de cabezas tan duras como las piedras que las rodean. Ahora cosecha premios y reconocimientos allá donde va. Al Marcelo no voy mucho, por precio y porque lo tengo debajo de casa y, normalmente, prefiero caminar más, o quedarme en mi terraza.


Warning: Marcelo es uno de los mejores cocineros de Galicia, y si lo que quieres es comer bien, preocúpate sólo por eso.


- O Gato Negro: valga éste en representación de muchos otros de la zona Franco- Raíña. Al Gato Negro hay que ir a tomarse el aperitivo un mediodía perezoso de sábado o domingo de marzo o abril. No ahora, cuando las hordas de peregriris asolan la ciudad y sus encantos. En todo caso, uno de los pocos recunchos supervivientes, de suelo de piedra, empanada y vino blanco. A derecha e izquierda le rodean otros grandes, imprescindibles que se pierden entre algunos sin trascendencia. Bares que hay que conocer, de toda la vida o con guía. O probar suerte.


Warning: Si no lo has hecho ya, llegará el día en que oigas hablar de la ruta París-Dakar, gente que te resultará más experta que tú asegurará conocer a alguien que la ha hecho, que lo ha conseguido, que no pasa nada por intentarlo. Si no tienes 16 años, no escuches y corre, lejos.



- A Vinha de Xabi: el último en llegar y uno de los pocos por los que voluntariamente voy más allá de la zona vieja. Xabi es un tipo afable que un día decidió montar una vinoteca en Santiago, y precisamente por ese buen carácter (además de por su exquisito paladar a la hora de montar la bodega) la convirtió en un éxito. Ahora, se ha mudado a un local más grande y con poco encanto, pero su oferta sigue siendo de las mejores de la ciudad. Al Xabi puedes ir a tomar un vino o a cenar, pero para esto último has de acordarte de reservar con tiempo. Su carta está llena de platos sencillos pero exquisitos, como sus croquetas o los fideos negros. El precio es inmejorable y tener la sensación de estar comiendo en un garaje nada traumático para un gallego, sobre todo, cuando te rodean algunos de los mejores vinos que podrías probar en tu vida.


Warning: si te atiende él, déjate aconsejar. Como buen sumiller, Xabi no sólo tiene buen paladar sino magnífico ojo para los clientes. Que él traiga el vino, tú simplemente disfruta. Y paga.


* Y unas líneas adicionales para el Paz Nogueira. Aunque no he vuelto desde el día de mi Primera Comunión, el Paz Nogueira es uno de los sitios por los que más veces he pasado, encontrándose a medio camino entre Santiago y mi aldea, en lo que antes era una bonito pueblo en los alrededores de Santiago y ahora se ha convertido en una espantosa rotonda con Corte Inglés incluido. El Paz Nogueira resiste, y eso es lo que hace que ese tramo del camino todavía guarde cierto encanto (únicamente para mí, claro, que lo llevo recorriendo 23 años). Al Paz Nogueira da demasiado miedo ir como para volver, pero me gusta que se acuerden de él.



vinoPOP: Veigadares 2007. DO. Rías Baixas. 85% Albarinho, 10% Treixadura, 5% Loureiro. 13%.

lunes, 13 de julio de 2009

BIG CITY


Me ha gustado la definición de Pepo, posiblemente 'el mejor grupo de rock amerimaño de la historia', y no porque sean los únicos. Big City son buenos a rabiar. Y a pesar de ser maños y cantar en inglés consiguen convencer con canciones de rock que se sumergen en las raíces americanas para encontrar, a través de una instrumentación prodigiosa y unas melodías únicas, su propio espacio de referencia.


Este viernes presentan su 7'' The Smiths Vs. Finland, un adelanto del que será su tercer trabajo: Celebrate It All, que llega en otoño y va a ser un exitazo. Mientras, podemos seguir disfrutando de los temazos de Call An Ambulance y sus dos nuevas composiciones.


Además son simpáticos, cierto. Al menos Javi Vicente, que no conforme con cantar en la gran ciudad se ha montado su proyecto en solitario, Carasueño. Otro concepto, el mismo encanto.


Big City tocan este viernes en la Costello, una sala pija y poco acogedora que, sin embargo, se está luciendo con la programación de este julio y sirve, además... vino! muy rico. Si vas, no dejes de pedírtelo (sólo en la barra de arriba) y arrastrarlo al concierto. No hay nada mejor que disfrutar de un buen directo con una copa de blanco fresquito en la mano. Y el Esmeralda del Costello es estupendo (aunque también peligroso a partir del segundo, aviso).


Pero a lo que iba, si este viernes eres de los que se ha quedado pegado al asfalto de Madrid no seas membrillo y acércate a disfrutar de esta buena gente. Yo estaré en Segovia y si no fuera por la pedazo de cena que pienso permitirme, ya estaría dándome de cabezazos contra la pared.





vinoPOP: Missenyora 2007. DO. Costers del Segre. Uva Macabeo. 12%. 8-12€. Nº de botellas 9200. Blanco con crianza en botella azul y diseño precioso. Curioso, el vino. No muy expresivo pero fresco, dulce sin resultar pesado, lo ideal para tomarnos una copa. Y saber parar.