
Pues al final ya hemos vuelto de París. Y no nos lo hemos pasado mal, no. Básicamente nos hemos dedicado a ir a muchos conciertos, catar muchos más vinos y conocer algunas bodegas. A la belle vie, vamos.
Y es que ya hace tiempo que he dejado de ir a París con la idea de ver París. Supongo que resulta inevitable la primera vez (e incluso la segunda) que uno pasa por allí querer verlo todo, pero por muy desfasado que suene, París es inútil buscarlo, porque parecerá que ves cosas, pero no conocerás nada. Mi último viaje me ha permitido tomármelo con calma. Renunciar a todo compromiso y dedicarme sólo a la música y los vinos (y la gastronomía, claro). Me ha permitido, finalmente, conocer París...
Y encontrar algunos tesoros ajenos a las rutas turísticas que resultan absolutamente recomendables y que, me temo, voy a echar mucho (mucho) de menos.
La Maroquinerie: continuando con el entusiasmo del anterior post (provocado por ese club increíble que es la Fleche d'Or) tenemos ahora que hablar de La Maroquinerie, un firme competidor en las noches parisinas más indies (o lo que sea). La Maroquinerie nos gusta principalmente porque es un club. Es decir, con su sala de conciertos subterránea, bar y zona de venta. Con su terraza restaurante (velitas incluidas), su carta de vinos excelente y sus platos franceses exquisitos (recomendadísimo el huevo poché con verduritas). Con su zona de baile interior, cómo no, abierta al restaurante. Y todo ello, maravillosamente distribuido para dar lugar a las más bizarras situaciones, como por ejemplo, darnos una de las mejores cenas de nuestras vida antes de irnos a bailar a Polysics como posesos y antes de acabarnos la copita de vino al ritmo punk de los teloneros. Un club. De esos que no conocemos por aquí.
La Maroquinerie: continuando con el entusiasmo del anterior post (provocado por ese club increíble que es la Fleche d'Or) tenemos ahora que hablar de La Maroquinerie, un firme competidor en las noches parisinas más indies (o lo que sea). La Maroquinerie nos gusta principalmente porque es un club. Es decir, con su sala de conciertos subterránea, bar y zona de venta. Con su terraza restaurante (velitas incluidas), su carta de vinos excelente y sus platos franceses exquisitos (recomendadísimo el huevo poché con verduritas). Con su zona de baile interior, cómo no, abierta al restaurante. Y todo ello, maravillosamente distribuido para dar lugar a las más bizarras situaciones, como por ejemplo, darnos una de las mejores cenas de nuestras vida antes de irnos a bailar a Polysics como posesos y antes de acabarnos la copita de vino al ritmo punk de los teloneros. Un club. De esos que no conocemos por aquí.
- Ne nous fachons pas: nada que ver con el anterior, pero es que un sitio que se llama 'No nos cabreemos' tiene que gustarnos a narices. Lo mejor, su actitud brit a lo parisino. Para ver, pero sobre todo, para bailar.
- Truskel: nunca me han gustado mucho los irlandeses, pero si había alguno que pudiese enamorarme estaba claro que tenía que estar en París. El Truskel no es un irlandés al uso. Abre hasta las 6.30 de la mañana, su estilo es mucho más brit que celta y es de los pocos sitios en los que ver a parisinos realmente dándolo todo bailando. Por su cabina han pasado gente y grupos como Jarvis Cocker, Bloc Party, Franz Ferdinand, Art Brut, Luke, Clap Your Hands Say Yeah, The Kills, Sébastien Schuller, Liars, Stuart Murdoch, Bob Stanley y casi, casi, nuestro Rafa Skam.
- Truskel: nunca me han gustado mucho los irlandeses, pero si había alguno que pudiese enamorarme estaba claro que tenía que estar en París. El Truskel no es un irlandés al uso. Abre hasta las 6.30 de la mañana, su estilo es mucho más brit que celta y es de los pocos sitios en los que ver a parisinos realmente dándolo todo bailando. Por su cabina han pasado gente y grupos como Jarvis Cocker, Bloc Party, Franz Ferdinand, Art Brut, Luke, Clap Your Hands Say Yeah, The Kills, Sébastien Schuller, Liars, Stuart Murdoch, Bob Stanley y casi, casi, nuestro Rafa Skam.
- Karambole: el Karambole es uno de esos sitios que uno agradece tener cerca de casa... Organizan exposiciones, es acogedor, cuentan con una programación de Djs (de los de verdad, con sus platos) durante todo el día y lo mismo te ponen un café que, por supuesto, un vino. El típico sitio de referencia, vamos.
Pero, claro, no todo han sido conciertos y garitos y aún queda hablar de las bodegas, los vinos y los restaurantes. Aunque esto último, lo comentaremos aquí. Que para eso lo hice.
What a city!
vinoPOP: Domaine Chasson 2004. Côtes du Luberon. 13.5%. Finalmente resultó ser menos de lo que esperábamos. Demasiado flojito y un punto de acidez imperdonable. Aunque claro, estando de picnic en la Torre Eiffel, tampoco es para ponerse más exquisitos...










