Es el que empieza cogiéndonos un tren a Segovia para disfrutar de su parador y una de esas cenas castellanas que ofrecen mucho más que cochinillo.
El Parador de Segovia se encuentra bastante apartado del centro de la ciudad, pero cuenta con unas vistas espectaculares de la misma. Las vistas, de hecho, son lo mejor del mismo, ya que el edificio, de decoración bastante 60's , resulta absolutamente intrascendente, en comparación a lo que nos tienen acostumbrados los estándares de Paradores de España.
Comer en Segovia es una de las actividades principales de la ciudad y seguramente, la segunda más practicada tras la obligada visita al acueducto. Pero comer en Segovia ofrece más posibilidades de lo que puede dar a entender una fama desmedida de su cochinillo, que eclipsa casi cualquier otra opción. Así que decidimos que nadie escogería ésta y que, además ,no iriamos al centro de la gastronomía segoviana: el José María, restaurante mundialmente reconocido por su maestría al asador; a pesar de contar también con una completísima carta de verduras y ser casa madre del gran vino Pago de Carraovejas.
Una vez descartado el Jose María, Segovia ofrece varias alternativas de renombre como La Taurina o el Narizotas, pero al final nos decidimos por El Duque. Un restaurante en la línea de los grandes asadores segovianos, oscuro y recargado hasta el límite con todo tipo de objetos y fetiches como el que nos sorprendió colgado a apenas un palmo de nuestra mesa. Una foto (firmada, course) de un jovencísimo Franco y un sonriente Cordobés. Detalles que incomodan, pero no sorprenden. No al menos tanto como la música, especie de chill out hotelero imposible de combinar con unos esparragos a las dos cremas. Superado esto, decidimos centrarnos en la comida, que era a lo que íbamos, pero lo cierto, es que El Duque defrauda. Defraudan sus verduras asadas y (parece ser) su cochifrito. Por la parte que me toca he de reconocer que su gazpacho es magnífico. Pero la Corvina a la bilbaína resulto demasiado aceitosa y, lo peor que le puede pasar a un pescado, repetitiva, haciéndonos olvidar demasiado pronto las virtudes del gazpacho.
Como acompañamiento elegimos uno de los vinos de la casa, un Conde Siruela del 2005. Vino cuyo nombre fue cedido por ese hijo fascinante que tiene la Duquesa de Alba pero que, desgraciadamente, resulta bastante más simple y mundano que quien le da nombre.
El sábado, tras un desayuno con vistas y previo paso por La Granja, regresamos a Madrid con el tiempo suficiente para los vinitos de rigor en El Anciano Rey de los Vinos y en el Mercado de San Miguel (donde sufrimos el final de una presentación de un nuevo juego de Play Station), y para decidirnos a comer en Taberneros, la versión casual del Matritum, un restaurante chiquito y discreto de la Cava Alta, con una de las mejores cartas de vinos de Madrid. El restaurante Taberneros es más discreto pero mantiene la obsesión de sus dueños por la variedad y los buenos vinos y ofrece una carta con precios más asequibles pero igualmente original y por momentos (muchos) preferible.
Siguiendo con mi estudio de los gazpachos y salmorejos del mundo, pedimos este último para comenzar. Servido en vasos de cristal y con el huevo y el jamón aparte para acompañar a gusto de cada uno, se convirtió desde el primer momento en el segundo mejor salmorejo que he probado en Madrid (Sanlúcar sigue imbatible). Pero lo mejor estaba por llegar, en forma de tataki de Atún rojo, totillitas de camarones y, sobre todo, un plato para enamorarse,: McKenji, hamburguesa de lomo de bonito. Cumpliéndose casi siete años desde que no pruebo un solo pedazo de carne, comerme una hamburguesa es, más que comer, casi un acto de fe. Todo un ritual llevármela a la boca confiando en que lo que mordía era atún y no vacuno. Espectacular. Acompañada de un platito de fideos a la soja y una crema que ignoré, y por apenas 10.50€ esta hamburguesa, hay que probarla.
Y como acompañante, un vino igualmente soprendente: Dido Eneas 'La Universal' 2005. DO Montsant. Uvas: Merlot, Garnacha, Cariñena, Cabernet y Syrah. 13%.
Para la cena, partíamos de una premisa: arroz. Y no es fácil. Comer buen arroz en Madrid (a buen precio) es complicado y eso, es así. La experiencia de la noche del sábado no contribuyó a contradecir esta certeza. Nuestra primera opción fue La Paella Real, que con ese nombre y en plena plaza de Ópera no podía fallar, pensamos. Pero tras decírsenos por teléfono que la cocina cerraba a las 10.30 y que NO llegásemos más tarde de las 9.30; aun con el sabor de la hamburguesa y a media hora de agotársenos el tiempo decidimos cambiar. Al final optamos por El Arrozal, otro mítico de los arrozes valencianos en Madrid, con una terracita muy agradable pegada a la calle segovia y tres salones encantadores llenos de curiosidades y cuadros mediterráneos que se mantuvieron durante toda la noche, sospechósamente vacíos. El Arrozal falla en algo, el interés. No hay ilusión en los ojos de los que atienden las mesas o sirven el vino y a eso se suma el desconocimiento que nos obligó a bebernos una botella de albarinho Dionisios del 2005 (más culpa tuvimos nosotros que tampoco lo vimos venir) pero al final, unos por otros, mi primer arroz A Banda resultó correcto, sin más. No es El Arrozal ese sitio de arroces que hace falta en Madrid.
Y así nos dio el domingo, cuando decidí reservarme hasta la noche y darme un descanso, idea de la que no tardaría en arrepentirme cuando supe que el lugar elegido para la comida fue el Tres Encinas, restaurante castizo y marinero donde tomarse un buen marisco en Madrid. La cena fue el momento de la comida casera, crema de calabacín (de aldea), ensalada de canónigos con queso de cabra, vinagreta de miel y nueces y una selección de productos extremeños que nos regalaron hace bien poco.
Y con todo, decidido queda que este año no voy al Contempopránea. Cobarde, pero tranquila.
vinoPOP: Lagar da Condesa 2007. DO. Rías Baixas. Uva Albarinho. 13%. Qué preciosidad de botellas las que salen de esta bodega.





2 comentarios:
Yo tampoco voy. Lástima de secreto ibérico...
He estado en Santiago el pasado finde. Mira que no preguntarte dónde comer... Menos mal que todo ha salido bien!
Ala!! estuviste en Santiago?? espero de verdad que todo saliese bien y os tratasen de lujo..
y estooo, que creo que al final sí que voy al contempop (una, que no tiene voluntad). Y ahora recuerdo que fue por estas fechas del año pasado que conocí tu blog, gracias a una reseña del festival. Hubiese estado bien conocerte allí.. otra vez será!
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