
Uno sale de Madrid con nieve (o lo que sea), un frío de la leche y tan mal cuerpo que cuesta creer que a menos de una hora en avión (insufrible, eso sí) se encuentre una tierra de viento soleado y terrazas amigables repletas de pescaítos, paellas y... gente!
Pero así es Málaga, tan así, que en pleno enero te sorprendes a 21º y remangada a base de 'desespinar' espetos. Demasiadas cosas, pero para nosotros Málaga es. sobre todo, esto:
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Los Delfines: uno de esos templos de iniciación. De los que te obligan a desconectar. Un restaurante de los de siempre donde conseguir mesa, dicen, es más difícil que la leche. Donde
uno va a tomarse una tapa y sale cenado a base de pescaítos con pimientos. Como debe ser.
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El Pimpi: Bodega con solera donde las haya, hasta arriba de criajos con ganas de salir y, lo mejor, de beber vino. El Pimpi es uno de esos sitios a los que siempre te van a llevar si es tu primera vez en Málaga, pero en este caso, vale la pena. Vale la pena perderse por sus salas y salones llenas de historia y barriles firmados por los más peculiares personajes. Desde el ubicuo Antonio Banderas hasta el impresentable de Manuel Fraga. Nuestra preferida, la firmada por el maestro Enrique Morente, hija (Estrella) y yerno (Javier Conde).
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Trifásico. No se puede decir que sea fácil encontrar en plena zona de marcha malagueña un garito donde te combinen a Vampire Weekend con Simon & Garfunkel, a Love con The Dodos o una carta de rones infinita con la Estrella Galicia. Nos gusta lo difícil.

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Hnos. Muñoz. O el placer de comer a 17 de enero en terracita y el solano en toda la cara. El sábado decidimos comer en la zona donde se supone que vive la Mari de Chambao, una anécdota sin mayor importancia que ayuda, sin embargo, a imaginar esa franja infinita de chiringuitos y playa, de lanchas de espetos siempre humeantes y paellas recién hechas, de pescaítos y perros reposados que es El Palo. Ambiente marinero pero, sobre todo, festivo.
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- Los baños del Carmen eran, como su nombre indica, un balneario de lujo, a pie de playa y resguardado entre la maleza. Hoy siguen siendo un lujo y un orgullo, pero con el encanto de lo decandente, de sus columnas en continua fusión con las rocas y el mar. Hoy, los baños del Carmen son venerados por su té moruno y sus visitantes ya no son delicadas jóvenes o perfumadas señoras sino una tribu más libre y nocturna, que sabe cómo sacar partido durante todo el año a cada uno de sus ruinosos rincones.

- El Marisquero: El Marisquero es ese del dibujo, imposible no reconocerlo a pesar de las canas y los 20 años de más que debía tener este domingo mientras nos servía una ración de navajas con ajo y limón. El marisquero es un malagueño de pro que un buen día decidió casarse con una marroquí y que, hoy, lo mismo te sirve unas ostras que unas empanadillas de marisco marroquíes. Y con igual arte.
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- Café con libros: en plena plaza de la Merced se encuentra una de esas cafeterías que toda ciudad de provincias debe tener. Con cierto aire hippie y más revistas que libros, pero que todavía conserva la razón de su nombre en algunos tomos viejos que han sobrevivido a los habituales robos de los clientes habituales. Un lugar poco exclusivo pero apacible y tranquilizador, si de lo que se trata es de despedirse y volver a la rutina. Y con un buenísimo batido de café de canela.
Y eso es Málaga, claro, pero según para quien, también esto:


- Es las pizzas de Gian Luigi: Y es que hospedarse en casa de una pareja malagueña-siciliano es lo que tiene, que lo mismo te pasas un día a base de pescaítos que una noche deciden sorprenderte con una pizza casera. La mejor de las pizzas. La pizza paella. Está en los genes, no puede ser de otra manera.
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- Es la Estrella Galicia: porque, así a primera vista, uno diría que muy de Málaga no es, pero el caso es que por alguna inhóspita expedición comercial o váyase a saber por qué, la devoción que por nuestra cerveza se tiene en los bares malagueños resulta tan bizarra como entrañable.
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- Es
Pippo
vinoPOP: 12 Linajes. Bodegas Gormaz. DO Ribera del Duero. Uva Tempranillo. 13.5º. 13 €. El único vino no andaluz que nos permitimos en todo el viaje fue este Ribera, que sirvió para acompañar a las pizzas de Gianluigi. Y decir que supo estar a la altura, es decirlo todo. Gracias.