martes, 30 de junio de 2009

EL MERCADO DE SAN MIGUEL




Seis años han hecho falta para poder volver a entrar en el Mercado de San Miguel, y tres días seguidos he tenido que hacerlo yo antes de decidir tomarme algo en él.

El Mercado de San Miguel es el único en hierro que conserva Madrid, un edificio extraordinario cuya construcción comenzó en 1835 y finalizó en 1916. O en el 2009, según se vea.

El Mercado de San Miguel, hoy, es una pijada y da pereza. Y según tenga uno el cuerpo, marea.

Con una reordenación de los establecimientos que parece querer eliminar el caos inherente a cualquier mercado alimentario, el de San Miguel no sólo no lo consigue, sino que la sensación de desorientación ante la calculada disposición de las tiendas resulta aún mayor. Una disposición que incluye:


- Menaje. A cargo de Vinçon

- Aves y Caza / Carnicería / Charcutería

- Frutas / Verduras

- Zumos

- Pescadería

- Aceites. Jaramartín y comida prepara del Lhardy

- Alimentos del mundo. Actualmente, Perú

- Quesos

- Especias / Legumbres

- Ostras. Y champagne

- Frutos secos

- Despacho de vins. Dos. Cada uno de ellos estratégicamente colocado al lado de los quesos y los encurtidos

- Vemouth

- Pastelería / Chocolates

- Cafetería / Té - Infusiones

- Libería. Gastronómica

- Floristería

- Bodega

- Panadería: L'Artesa de Gallant


Al Mercado de San Miguel no se puede ir a comprar lenguado un viernes tarde o una lechuga para la ensalada de un martes cualquiera. Ya no. El Mercado requiere ahora una actitud, un menú, un plan. Porque todo sibarita tiene un plan y es a ellos a quienes se dirige ahora este local cuya página web cuenta incluso con un espacio destinado a explicar el 'concepto'. Su concepto, que descarta a las amas de casa y su envidiable don para la improvisación. Un concepto que nos incluye en su target y del que resulta difícil escapar.

Porque lo cierto, es que el mercado tiene su rollo.

vinoPOP: el verdejo de Rueda que sirven en D'Fabula. Nuevo restaurante de diseño en la plaza Conde de Barajas, pocos metros más abajo del Mercado de San Miguel. D'Fabula es el típico sitio del que uno no se fía para comer, demasiadas pretensiones y poco disimuladas (y un tufillo al decepcionante Negro De Anglona que no le sienta nada bien). Pero quien sabe. Su vino por copa, al menos, refresca y alimenta, dos básicos.

DOS ENTREVISTAS

Una y dos.

Y yo insisto en que no me voy a enterar de nada. Pero el Veranos de la Villa que nos espera merece inaugurarse así.


vinoPOP: Opta. Calzadilla 2006. Vino de la Tierra de Castilla (Huete, Cuenca). Tempranillo, Syrah, Garnacha. 13,5%. No es este un vino que por lo general fuese a recomendar a nadie. Ácido y con poco cuerpo, éste Opta no estaba llamado a grandes cosas, hasta que apareció un día de caluroso junio en mi casa. Y oye, un provecho se le saca.

lunes, 29 de junio de 2009

NEW ORLEANS EN MADRID


Ahora que el brote de mi obsesión por lo/a americano/a amenaza con quedarse para siempre, era el momento de recordar uno de los primeros restaurantes que conocí a mi llegada en Madrid.

El Gumbo de la calle pez es el restaurante de Matthew Scott, un nativo de New Orleans que logra plasmar su querencia sureña en entrantes tan inolvidables como las berenjenas rebozadas o los evocadores tomates verdes fritos, que en este caso acompaña de una salsa remoulade nada ligera, pero interesante.

El Gumbo de la calle Pez es un restaurante discreto donde los collares de perlas que llamaron mi atención hace casi cinco años continúan colgando de sus lámparas barrocas. Un lugar donde escuchar buena música y donde incluso los platos que me quedé sin probar, como el rissoto verde o el atún ennegrecido, me consta están estupendos. Así como el cangrejo de caparazón blando, no apto para escrupulosos y acompañado de un arroz intrascendente, pero de textura y sabor curiosísimos (el cangrejo). Todo, lo suficientemente liviano como para permitirnos además un exquisito brownie de frambuesa con helado de vainilla acorde a las leyes de la auténtica repostería americana.

Al Gumbo de la calle Pez le ha salido un hermanito en la calle Palma, el Gumbo Ya Ya, y se masca una visita inminente. Anímense.

GUMBO
C/Pez 15
Metro Noviciado
91 532 63 61


vinoPOP: Martín Códax 2008. Rías Baixas. Uva Albarinho. 12,5%. Hoy toca un clásico, que a veces apetece lo de siempre y saber que no te van a fallar. Y es que tras ver como la botella del vino de Madrid Cantocuerdas 2007 se aburre día tras día en la nevera, definitivamente digo no, a los blancos de 14%.

miércoles, 17 de junio de 2009

EL MOMENTO PRECISO


Se pregunta Nick Hornby, en 31 Canciones, cómo habría sido escuchar Like a Rolling Stone en 1966, teniendo diecinueve o veinte años.

Es importante hacer las cosas en el momento adecuado. Y díficil, tratar de adivinar cuáles de ellas estamos haciendo hoy cuando corresponde.

Hay demasiados momentos importantes en la vida de uno que ni siquiera llegamos a vivir cuando suceden. Y yo me pregunto cómo habría sido estar cuando se radiaron por primera vez mis (habitualmente) dos canciones preferidas. La leche.
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Casi nunca podemos escoger el momento en qué introducirnos en aquello que acabará resultando importante para nosotros, pero es divertido intentarlo. Y a raíz de esto (y de alguna idea de Miguel) he decidido comenzar mi propia colección de blancos de guarda. Vinos blancos de hoy que guardaré para abrir mañana, el año que viene o dentro de diez. En el momento preciso.


vinoPOP: el cava de la casa de la champañería María Pandora. Delicioso.

miércoles, 10 de junio de 2009

MANDARINAS DE VERANO

El otro día discutí con mi novio porque le pedí que comprase fruta y volvió con mandarinas.

El tema de la estacionalidad de los productos alimenticios es complejo, pero para quien tenga un mínimo de inquietud, aquí dejo el enlace al Diario del Gourmet de Provincias y del Perro Gastrómo, que lo explica estupendamente.

Las mandarinas siguen en la nevera, semana y media después.


VinoPOP: Pentio 2008. DO Rueda. Uva verdejo. 12,5%. Fresquito, ideal para ese verano que no acaba de llegar.

miércoles, 3 de junio de 2009

MOJO!



Hacía tiempo que no tenía un número nuevecito de la Mojo entre las manos, pero nuestro encuentro casual en el aeropuerto de Estocolmo me ha hecho recordar por qué me gusta(n) tanto (las) esta revista(s). Con ella hasta el pánico a volar resulta más llevadero.

De la Mojo aprovecho hasta los anuncios de discos. Y fue exactamente uno de ellos el que me ha dado la sorpresa del día. Lay Low son islandeses, un país que nunca me ha atraído especialmente en cuanto a lo musical, pero ha sido escuchar By and By, Little by Little y la preciosísima My Second Hand Heart así de seguido y quedar prendada. Con ese aire tan She and Him que me hace recordar el cariño que tengo por estos dos y la emoción por la inminente visita de M(r)Ward.


vinoPOP: VX cuveé Caco. Bodegas Coto de Gomariz. Ourense. Uvas sousón, mencía, carabuñeira, caínho da terra y caínho longo.14%. No recuerdo si ya he hablado de este tinto gallego o no, pero por ser el mejor de todos los que he probado nunca (tintos gallegos, digo) merecería la insistencia. Este vino es la mejor de las razones para seguir creyendo en nuestro país no sólo como el de los mejores blancos del mundo, sino como una promesa cada vez más realista de tintos excelentes y poderosos.

lunes, 1 de junio de 2009

TEMPRANILLOS AL MUNDO. THE EXPERIENCE



Hace un año, este martes era lunes y gracias a un inesperado cambio de planes no me arrepentía de haberme perdido el Primavera Sound. Hoy martes, es martes, y después de una semana fuera del país vuelvo a alegrarme por los planes fallidos y las alternativas que consiguen mejorar el mejor festival.

En este caso la alternativa vino en forma de trabajo y de concurso, el Tempranillos al Mundo, que viene celebrándose desde el 2004 y del que este año he podido por fin formar parte, ¡y cómo!

Pero antes de comenzar con los recuerdos resaltar lo complicado que resulta este debate sobre los concursos de vinos y lo común que puede llegar a ser encontrarse a algunos de los propios catadores invitados despotricando acerca del mismo o asegurando su nula necesidad. Opiniones hay para todos los gustos y el mundo del vino no es una excepción, pero el debate requiere tiempo y a mí me queda mucho por aprender, así que aquí dejo mi opinión formal y paso a exponer las cosas absolutamente recomendables que me he permitido conocer en horas de trabajo:

Grappe: las dudas acerca de cómo sería el espacio alquilado para la celebración de las catas dejó de preocuparnos con el primer escalón que descendimos. El Grappe es exactamente el sitio donde tendría que trabajar si fuese sueca, un concepto de negocio fascinante, consistente en toda una galería de bodegas en alquiler para los ricachones de suecia que pueden permitirse ser socios y cuidar allí su vino. El Grappe cuenta, además, con una sala para eventos, catas y casi cualquier capricho propio de sibarita, disponiendo para ello de un inmejorable equipo de camareros-sumilleres de encantadora cordialidad sueca.
El Grappe fue nuestro hogar durante el tiempo que estuvimos allí más que el propio hotel. Demasiadas horas que no impidieron que volviésemos en nuestro único día libre para una cata improvisada a base de Champagne, tinto de la Toscana y quesos franceses dirigida por our favourite waiter, Emil.


Sture Hof: Si algo que hay que saber de Estocolmo es que nunca es de noche y, si lo es, conviene no despistarse porque cuando menos te lo esperas, ha vuelto a amanecer (lo que complica enormemente el concepto de mañaneo para aquellos que sufrimos bajonazo con el primer rayo de sol). A lo que iba, todo en Estocolmo sucede antes, no sólo los mañaneos sino también las cenas y como pretendas comer algo (y bien) a partir de las 10.00 pm. ya sabes lo que toca: Sture Hof. El único restaurante de calidad con cocina abierta hasta las 11 y en el que por causas de trabajo evidentes acabamos más de un día.
El Sture Hof es uno de esos garitos amplísimos con guapos y terraza. En cuanto a la cocina, vaya por delante que la sueca no es ninguna maravilla y a mi personalmente, me pone mala que contando con una calidad de pescados y mariscos tan alta se empeñen en ahogarlo todo en pesadísimas salsas con mantequilla. Dicho esto, también es cierto que dos de mis básicos preferidos tienen allí una excelente calidad, me refiero al salmón ahumado y a las ostras, que probamos en tantos sitios como nos fue posible y siempre con igual buen resultado. Entre otros platos recomendables del Sture Hof está el 'Sturehof's bouillabaisse with parmesan and rouille' pero sólo para estómagos curtidos.


Riche: el 'Richi' se encuentra en la misma calle del Sture Hof (y por tanto de nuestro hotel). "Una de las más pijas de Estocolmo" nos dirían luego, como si no nos hubiésemos dado cuenta! El Riche es, por partida doble, uno de los mejores resturantes de la ciudad ya que atravesando la cocina (que comparten) se llega a otro comedor de mismo dueño pero distinta filosofía. El Teatergrillen, la versión de gama alta del Riche, es pequeño, silencioso, discreto, de estilo más afrancesado que sueco y con platos limpios de las omnipresentes salsas suecas como el atún 'Nicoise' o el bacalao a la brasa con espárragos blancos. Y ostras.
El Riche (al otro lado de la cocina) es el hermano menor, con un local más luminoso y menos elegante pero con una cocina igualmente destacable para tratarse de Estocolmo.


Las cartas de vinos: Y si la comida no es lo mejor, ahí están las cartas de vinos para compensarlo. Lo que tiene un país no productor como Suecia que sin embargo cuenta con un alto consumo (Ai los jóvenes!), es la omnipresencia de cartas de vinos donde todas las regiones de vinos se ven representadas, impensables en un restaurante español no especializado. Nosotros optamos por hacernos fans de la Gruner Vetliner desde el momento cero. Uva austriaca que resulta en vinos secos y afrutados que combinan perfectamente, por ejemplo, con unas ostras Belon. Buenos recuerdos dejaron también un vinazo del napa, Turley Old Vine, que a pesar de sus 16º alcohólicos maridamos con atún y bacalao. Y uno de los mejores dulces del mundo, el Klein Constantia (South Africa).


El Vasa: 20 versiones distintas después todavía no acabo de tener claro las razones por las que el Vasa, el barco más impresionante que jamás he visto, se hundió haya por el XVII sin poder ser rescatado hasta un siglo después. Uno de esos pocos museos de visita obligada.
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Sky Bar: Al final no conocí los indie clubs de Estocolmo, pero ni falta que hizo. Un buen recuerdo es el de una noche aun por comenzar vista en 360º desde uno de los pisos más altos de la ciudad. Lucecitas.


Pero por supuesto, nada de esto habría sido igual sin la canción más bonita del mundo como permanente banda sonora




vinoPOP: Le Cupole 2006. Rosso Toscano. 14.5% Elegir entre tantos vinos disfrutados a lo largo de la semana pasada sería imposible, pero si tengo que recordar, a fine memory sería la de la cata fascinante que compartimos con Emil, y ese vino de la Toscana abierto sólo para nosotros.