
Pues al final sí que fui al Contempopránea, y no me arrepentí. A pesar de que no fuese para realizar el reportaje previsto, o quizás gracias a ello, lo disfruté especialmente. Eligiendo sólo aquellos conciertos que me interesaban y dedicando la mayor parte del tiempo a las maravillas del tinto de verano, un entorno excepcional y una compañía perfecta (la foto es de Man).
Lo mejor de los conciertos
La Bien Querida. Quieres encontrarle algún defecto, pero cada vez que Ana Fernández sale al escenario entiendes que tus amigos se enamoren de ella y que a ti te haga sentir tan bien. Sencillez, dulzura y las canciones bonitas de Romancero sonando al atardeceder con un castillo en lo alto iluminandote el cogote. ¿El mejor de los conciertos?
*La de La Bien Querida fue la única rueda de prensa que finalmente vimos. 'La vida es muy corta' como mensaje principal y una nueva vuelta de tuerca a la historia del Sonorama fue lo más destacable entre unas preguntas nerviosas y unas respuestas desganadas. Eso, y que ellos no habían dedicado ninguna canción a Elefant porque 'nosotros ya somos Elefant'. Posiblemente la edición en la que menos entrega se demostró a los homenajeados del año (de lo de Vetusta mejor ni hablar).
Lori Meyers. Fascinante lo de los granadinos. A pesar de que nos olvidemos demasiado a menudo por la sobreexposición a la que nos tienen acostumbrados, y aun siendo ésta su tercera vez consecutiva en el escenario de la Ladera, es salir a tocar y demostrar una y otra vez (y ya son unas cuantas) que el suyo es uno de los mejores directos nacionales. Complementación y esa alegría misteriosa que transmiten como nadie. Y Noni, fascinante y misterioso el que más, ya no pisa el cable. Ole.
Ellos. Les tocó los últimos, lo que en el Contempop viene siendo casi a las 5 de la mañana. Y arrasaron. Aunque su último disco no llegue ni de lejos a los estándares alcanzados con los dos primeros, Guille y Santi siguen sabiendo como hacernos perder los papeles.
Sidonie. A pesar de que nunca me han interesado especialmente en lo musical, este año fue uno de los conciertos a los que decidí acercarme, movida por las ganas de escuchar en directo esa pedazo de canción que es El Incendio. Y conciertazo, oye. Espídicos y rebeldes fue de traca ver como cavaban su propia tumba con afirmaciones del tipo 'nuestros amigos Lori Meyers, que no son catalanes aunque podrían serlo porque son muy buenos', así como volvían a conseguir los aplausos sacando al escenario a otros catalanes de pro como son los de Love of Lesbian (a los que devolvieron el favor más tarde en su concierto). Sidonie, histriónicos y polémicos, pueden estar tranquilos, la espina del año pasado ya está diregida y expulsada. Y cómo.
Lacrosse. Ofrecieron un concierto de calidad como se esperaba, pero salir entre dos bandas de energúmenos agitadores (We Are Standard les precedió con un concierto que hizo enloquecer a las masas) no les benefició en absoluto. Corrección sueca y canciones de puro pop que hubiesen sonado mejor en horarios de menor embriaguez. El vestido de ella, lo más.
Love Of Lesbian. El grupo de la doble personalidad, capaz de arrancarte una lagrimita con Los colores de una sombra para acto seguido desnudarse, ponerse el mandil de lunares, comenzar a magrearse y tirarse al público, dio uno de los mejores conciertos del festival. Con un fin de fiesta mucho más procedente que el que ofrecieron hace meses en la Joy Eslava, a la altura de dos días casi perfectos. Y la voz de Santi sigue volviéndonos locas, sí.
Lo mejor
El Tinto de Verano. Bebida oficial del festival y seguramente de lo que queda de estío. Chorrito de buen vino, casera, limón (mejor una mezcla de las dos), rodajita de naranja y azuquitar por los bordes. El Tinto de Verano es la forma más referescante de beber vino en verano, un combinado perfecto y el sustituto definitivo de la cerveza. Los festivales del mundo comenzarán a igualar al Contempopránea cuando en su barra libre cuenten con dos grifos, para la cerveza y el Tinto de Verano. Y además se confirma, no emborracha.
Maestro Jamonero. Aunque hubo quien temía que, por aquello de la crisis, este año no tendríamos maestro jamonero al final de la zona del backstage, la sorpresa llegó cuando nos encontramos que, no sólo continuaba puntual el maestro con su secreto ibérico, sino que habían ampliado la zona y este año, Alimentos de Extremadura ofrecía también (para mi alegría) Torta del Casar, variedad de quesos y embutidos y bombones de higos. Todo con una disposición y simpatía tal, que el punto más alejado de la zona de entrada al recinto se convirtió, por momentos, en el más visitado del backstage, superando a la barra libre y sus tintos de verano.
La piscina. Absolutamente recomendable resulta la visita a la piscina durante la tarde del sábado. Con un recinto ideal para montar conciertos alternativos por las tardes, de momento nos conformamos con su ambiente y las ventajas de un baño depurador de resacas. Compartido, que siempre gusta más.
La cena del sábado. Con un antojo de carne por parte de uno de mis acompañantes, la aprobación del otro y mi necesidad de aislarme del gentío decidimos pasar de la superpoblada plaza del pueblo y, por una vez, elegir un lugar más tranquilo. No hay muchas alternativas en Alburquerque, pero siguiendo el rastro de unos intermitentes carteles, con bastante paciencia zapato cómodo (o un hombro donde apoyarse) y preguntando a los pocos oriundos que uno puede encontrar por el camino, se llega a la Ermita de Santa María. La ermita está a medio camino entre el castillo y el pueblo y al lado se encuentra El Fogón de Santa María, un restaurante chiquito y encantador con una terraza tranquila donde dejar que pase el tiempo mientras admiras las vistas y disfrutas de una noche de verano de temperatura ideal. Una terraza en la que disfrutar de la brisa extremeña y una cena sin prisas por la que nosotros fuimos capaces de olvidarnos de Febrero, Le Tres Bien Ensemble, Half Foot Outside y una Russian Red que no podría interesarnos menos.
Lo peor
Chema Rey Dj. Incomprensible.
vinoPOP: Basa 2008. DO Rueda. Verdejo, Viura y Sauvignon Blanc. El vino que nos recomendaron fue la única concesión al blanco que hicimos en todo el viaje. Perfecto.







